26 de julio de 2016

La Corona, de Kiera Cass


Información

Título: La Corona
Autor: Kiera Cass
Editorial: Roca Editorial
Género: Juvenil, Romance
Páginas: 272
Precio: 14.90€


Sinopsis

Treinta y cinco pretendientes entraron en La Selección, ¿a quién escogerá la princesa?
Kiera Cass, autora best seller internacional, ha cautivado a lectoras del mundo entero. Prepárate para La corona, la aclamada y maravillosa historia romántica, el quinto y último libro de la serie La Selección.



Reseña medio libre de spoilers

Como ya dije anteriormente en la reseña de La Heredera, no tenía pensado darle a estas continuaciones la posibilidad de defenderse de sus críticas, pero los sentimentalismos me trajeron a este torbellino del que ya no pude escapar, y menos después del trágico giro final escogido para la primera entrega dedicada a la princesa Eadlyn, el cual no voy a mencionar por si algún incauto está leyendo esta reseña por casualidad y ni siquiera se ha leído el anterior, que todo puede ser.

A decir verdad, el "dramático" acontecimiento que me condujo a leer La Corona fue la única razón de que siguiera con el alma en vilo, pendiente de cada página y con los dedos cruzados a la espera de que no se volviera a mascar la tragedia, pero sin darme cuenta empecé a experimentar algo más nefasto aún, todo el libro. Sí, tal y como lo digo, pues podría subtitularlo como "everything is wrong with this book" y quedarme más ancha que la leche.

Empecemos por la abrupta evolución de Eadlyn después de los acontecimientos finales de La Heredera e iniciales en La Corona, que aunque me parezca justificada dado lo ocurrido, me niego a creer que tres cuartos de hora sean capaces de hacerle ver lo realmente complicada que ha sido la situación de sus padres todo este tiempo, porque de ser así es que era más estúpida de lo que creía al principio. De repente, Eadlyn ha de hacerse cargo de forma temporal del reino como regente supletoria hasta que las cosas se relajen en el entorno familiar, lo que hace que le dedique menos tiempo a su Selección (ahora Élite tras una drástica reducción por tiempos críticos. Igual que su padre, dijo. Qué mona la hija pródiga) y los chicos asomen los hocicos más de higos a brevas, con apariciones esporádicas, breves e insustanciales en su mayoría. ¡Eh eh! Por fin empiezo a reconocer nombres, pero aun siendo consciente de que Eadlyn debía quedarse con alguno de todos ellos al final, he sido incapaz de emparejarla con ninguno de los candidatos (y no candidatos, ejem, cliché, ejem) pese a que ella de repente se sintiera revoloteando por la mayoría, lo cual veo bastante desproporcionado teniendo en cuenta el disgusto que arrastraba por todo el proceso y el drama que vive su familia en esos momentos.

Con los pretendientes seguimos en las mismas, ya que aunque ahora sean muchos menos, el haber tenido que lidiar con tantos nombres durante todo el primer episodio de la Selección de Eadlyn le ha quitado tiempo de gestación a los candidatos de su Élite, obligando así al lector a asumir que "ya conoce bien" a esos chicos cuando ni mijita ni leche aguá. Demasiados personajes para tan poco tiempo físico dentro de los libros; quizás un ejemplar intermedio hubiera aliviado el sofoco de tanto maromo a medio conocer, pero sin un argumento decente que estirar dudo que eso llegase a considerarse siquiera. Pero eh, sigue sin ser excusa, puesto que no hubiera venido nada mal un desarrollo un poco más exhaustivo. Menos dramas del primer mundo con Eadlyn (con diez páginas nos habría quedado más que claro que era una malcriada, un libro entero ha sido perder un valioso tiempo) y más espiar a los zagales, hombre ya.

El bendito vástago del Señor que se presentó en forma de ayuda divina en La Heredera, y el cuál identificas a leguas como el inminente antagonista, pese a ser un personaje relativamente interesante al que llegas a conocer más que a los pretendientes aun con sus limitadas apariciones, representa una amenaza nula que dentro del libro se magnifica de una forma que no consigo explicarme. Quizás no matarlo, como sugiere Aspen, pero con secuestrarlo habría sido suficiente, Dios mío, que ya son ganas de complicarse la vida. Este caballero antagonista es un deus ex machina en sí mismo. Pinta un cojón la primera vez, pinta un cojón la siguiente, y cuando se revela como el malo malísimo ya pones hasta cara de asco por cómo corre el pánico dentro de palacio. Sigo echándome las manos a la cabeza, no entiendo dónde estaba la amenaza de ese mindundi.

Oh, a otra cosa, mariposa. Cuando los verdaderos sentimientos de Eadlyn atacan y te explotan en la cara, ay, madre del amor hermoso. Por determinadas elecciones de palabras que vamos topándonos desde La Heredera hasta La Corona, ya vemos venir quien será el potencial amor cándido de la princesa, y vale que apestaba a cliché, pero el modo en el que se presenta es hasta interesante y logra despertar a tu maruja interior. Conmigo funcionó durante un ratito. Oficialmente, Eadlyn se ha enamorado, se supone que venía el salseo, pero no. En lugar de eso, los tórtolos pasan de la relación prácticamente ausente que mantenían a vendernos el oro del moro con un amor profundo que siempre llevaron dentro. Han hablado siete veces mal contadas, pero ya morirían el uno por el otro y hablan de su amor mutuo como si llevasen amándose en secreto quince años. La leche que mamasteis, cenutrios. ¿Amor cliché? Vale. ¿Amor injustificado? Tu madre en tanga de leopardo.

Está bien, está bien. No está todo perdido, lo suyo sigue siendo una relación imposible, así que eso augura salseo de un modo u otro.

Mentira.

Es a partir de este punto que, de repente, todo se transforma en la versión escrita de una película exclusiva de Disney Channel interpretada por Selena Gómez, Lucy Hale o cualquier chiquilla joven medianamente popular entre las preadolescentes del momento en el que fuese filmada. Yo qué sé, a mí me tocó verlas cuando Hilary Duff era la repanocha.


(A partir de aquí la reseña podría contener spoilers)


Por fin llega el momento en el que Eadlyn se dispone a anunciar su elección, que no, no es su amor soñado, pero al menos la opción políticamente correcta es un cielo, algo es algo. Antes de que comience la emisión en directo del Report, la moza corre a su padre (que últimamente toma decisiones de adolescente desentendido de la vida) para pedirle consejo sobre qué debería hacer. Es el turno de una generosa dosis de drama que logró arrancarme alguna lagrimilla rememorando detalles sobre la historia de amor de Maxon y América. Empiezan a sonar violines y fragmentos musicales extraídos de alguna canción antigua de Taylor Swift, y llegada la hora de la verdad, lista frente a la cámara junto a su "elección políticamente correcta" para anunciarle al pueblo lo que casi nadie estaba esperando en realidad, el zagal en cuestión se fija en un detalle que comparten Eadlyn y su amor gitano. Y toma castaña, que se ha dado cuenta, chavales. ¡Pero eh! ¡Que no se enfada! ¡No se entristece un ápice! En vez de eso, los une frente a la cámara, los anima a amarse más contento que unas castañuelas y se hace a un lado para que los tórtolos expresen su amor ante la audiencia. Además, por si fuera poco, Eadlyn toma la decisión para nada meditada de convertir su reinado en una monarquía parlamentaria para hacer menos por el mismo sueldo y hacerle creer al pueblo que es algo desinteresado.

Lo que son los futuros distópicos, ¿eh? Sus políticas son increíblemente más maleables que las actuales. O sea, que el mundo se va a la puta para resurgir en algo relativamente incómodo y aun con esas sigue siendo una sociedad de pandereta para nada tomada en serio. Alucinante.

Y bueno, ya después puedes escuchar cómo empieza a sonar Love Story de Taylor Swift o alguna pastelada similar mientras todos celebran y vitorean lo maravillosa que será la vida ahora. Antes de comer perdices, Eadlyn llama al antagonista por teléfono para restregarle la decisión. Ahora sí, la canción suena a toda pastilla mientras los tórtolos corren por un campo de margaritas* improvisado cogidos de la mano y riendo.


*El campo de margaritas podría no estar incluido en la novela.


Como ya comenté en mis redes sociales conforme avanzaba en la lectura, La Corona me parece drásticamente peor escrita que las demás novelas de La Selección. No solo está compuesta de párrafos mucho más finos y cada pocos de ellos te trasladas de una escena a otra, o de un día al siguiente, sino que toda la narración en sí se nota a marchas forzadas, como si progresara a empujones y  se comiera todos los tropezones del mundo en el camino que su autora no se molestó en allanar con un mejor planteamiento. A diferencia de La Heredera, esta entrega no parece seguir un rumbo fijo y cuidado; no he hecho más que encontrarme descosidos en el desarrollo de los eventos, haciendo que todo se sintiera más forzado que la madre que los parió a todos juntos.

No puedo evitar pensar que la precipitación de todo se ha podido deber a falta de tiempo, quizás algo de presión editorial para que el libro saliera cuanto antes. Si anunciasen que este en realidad era el primer borrador del manuscrito no me extrañaría en absoluto.

Tampoco quiero decir que sea el peor libro de la historia. Tiene su forma de atraer y mantenerte pendiente de lo que ocurre, pero después de un amor tan maravilloso como el de La Selección, la trilogía original, La Heredera se queda corta, y La Corona ya ni hablemos de cómo cae de bruces contra el suelo.

Por si no se ha notado, me ha costado la misma vida reseñar este libro sin golpearme la cabeza una media de cinco veces por párrafo recordado.


Conclusión

  • ¿Qué tal la narrativa? Aceptable, pero muy decadente en comparación a la anterior entrega.  
  • ¿Me ha gustado? Es cierto que engancha, como siempre con Kiera Cass, pero yo diría que no demasiado.
  • ¿Lo recomendaría? En absoluto.
  • ¿Volvería a leerlo? En el futuro, quizás una sola vez para comprobar si de verdad era tan regulero.


Valoración 2.5/5



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